El Sionismo en México y sus portavoces- Los dédalos del sionismo van de Tel Aviv a Washington, de la Patagonia a la Ciudad de México. Ante esta realidad, México se ve inmerso también en las redes que mantienen y financian al sionismo.
Desde el 2001, ocasión donde dos israelíes fueron arrestados por haber colocado una bomba en el Congreso y, posteriormente, liberados por el entonces canciller Jorge Gutman Castañeda, despertaron serias sospechas sobre las operaciones sionistas con una agenda definida en nuestro país. Esta situación fue, a mi juicio, para culpar a Bin Laden y comprometer a México para entrar en guerra con Afganistán. Sin embargo, este caso no ha sido ni la primera ni la última vez que el sionismo y sus aliados han operado en México.
Durante el catastrófico sismo del 2017, en el edificio 286 de la calle Álvaro Obregón de la colonia Roma, ocurrió un evento bastante extraño que solo tiene explicación si se acepta la premisa de que el Mossad israelí ha operado en el país a sus anchas. Un cuerpo de especialistas del Mossad llegaron a territorio mexicano de manera encubierta, esta fuerza parecía llegar como ayuda internacional ante la emergencia suscitada por el sismo, pero nada más alejado de esto. En cambio, se trató de un operativo que arribó en un avión de las Fuerzas de Defensa Israelíes. Los agentes llegaron al inmueble para rescatar a una mujer de botas negras. Eje Central menciona que, en realidad, esas oficinas funcionaban como Unidad de Inteligencia del Mossad israelí.

Aunado a esto, el Mossad no ha sido el único involucrado en el espionaje. La compra de los softwares Pegasus y Candiru, ambos creados por ex funcionarios del Mossad, ha generado polémica en el país. La venta de Pegasus fue prohibida a México por ser un país con antecedentes de violaciones a Derechos Humanos. Esto no es broma, Israel, el ente genocida más apoyado por los Estados Unidos, levanta dedos y señala quién si y quién no viola DDHH.
Por su parte, Pegasus fue noticia recientemente, no solo por el espionaje a periodistas y opositores al régimen neoliberal que contrató sus servicios, sino también porque los proveedores de este sistema de inteligencia dieron cobijo a Tomas Zeron en Israel, uno de los artífices del caso de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, del cual su extradición se ha vuelto complicada, no solo por la negativa de Israel, sino porque México no cuenta con un tratado de extradición con Tel Aviv.

No digamos ya del descaro en el caso de Andrés Roemer, ex cónsul de México en San Diego y exembajador en la UNESCO que cobraba sin ir a trabajar y votaba en contra de los intereses nacionales en favor de su patria, Israel, y que, en la actualidad, se encuentra prófugo de la justicia capitalina.

Otro caso particular que me parece muy relevante es el escándalo del ex titular de la Conagua, David Korenfeld —más conocido por utilizar los helicópteros de la dependencia para jugar golf— que, por medio de la empresa estatal israelí Mekorot, empezó a privatizar los servicios públicos del agua, o, como bien reza el dicho, para llevar agua a su molino.

¿Quién podría pensar que un país desértico como Israel sabe usar los recursos hídricos? Tal vez porque es experto en el robo del agua a los palestinos y lo mismo deseaba hacer en México. En ese momento, el portal del negocio israelí Globes, publicaba que Natan Eshel, ayudante del ex primer ministro Netanyahu, podría ganar millones de shekels (moneda israelí) en un acuerdo masivo que medió para Mekorot National Water Company.

Ante el cúmulo de casos sobre los intereses del sionismo israelí en México, nunca vi ningún pronunciamiento de sus portavoces, y las razones parecen bastante claras. Ellos siguen órdenes, órdenes que vienen de líderes sionistas. No obstante, sí he visto muchos pronunciamientos de sionistas cuando se les acusa como lo que son: racistas y colonialistas que, ante cualquier señalamiento, se rasgan las vestiduras.
A raíz de las declaraciones recientes del presidente de la república, López Obrador, sobre el comunicador sionista Carlos Alazraki, la Tribuna Israelita —que, por cierto, me tiene bloqueado en Twitter— emitió un comunicado rechazando la categoría de “hitleriano” a dicho comunicador que propala calumnias, mentiras, improperios y adjetivos casi a diario. La Comunidad Judía en México nunca se ha pronunciado, por un lado, sobre los dichos indecorosos de este periodista, y, por otro, nunca ha se ha desligado del papel negativo del Estado de Israel en nuestro territorio: terrorismo, espionaje, mafias, corrupción, entre muchas otras cosas.
Hago un llamado a la Comunidad Judía, con todo el respeto que me sea posible, a que se deslinde de toda esta maraña de escándalos porque, como bien comprendo, el sionismo y el judaísmo son dos cosas distintas —ver mi libro escrito “Geopolítica del Sionismo—: uno es una ideología política y la otra una religión respetable como cualquier otra. De no hacerlo, solo manchará su nombre, pudiendo evitarse todo esto. No vale la pena solidarizarse con grupos tan deleznables, con todos esos grupos que han operado en nuestra nación, a menos que se esté involucrado, o simplemente no se sepa. ¿Qué otras actividades tienen los que operan el sionismo en suelo mexicano que no sepamos?