La reproducción es un evento que ha fascinado a los humanos desde el inicio de los tiempos. Las ideas de cómo se da la concepción, la necesidad que ocurra la participación de dos progenitores en muchas especies animales y las vistosas conductas de cortejo que dan entrada al apareamiento han sido estudiadas con peculiar asombro. Particularmente el falo o pene forma parte de la cosmovisión de algunas culturas (costumbres y creencias). A pesar que se considera como algo íntimo y es parte de la sexualidad de las parejas, podemos encontrar representaciones muy diversas en expresiones de distintas culturas que pueden causarnos pudor o controversia ya que se ha asociado en ocasiones con la virilidad y la fertilidad de los individuos.
Lo anterior deriva de la principal función que tiene el pene: la transferencia de los gametos masculinos al aparato reproductor de la hembra. Las comparaciones en las especies domesticadas nos indican que la morfología de este órgano es similar en los mamíferos. En algunos casos podemos encontrar variaciones en las funciones. En el caso de los gatos, el pene presenta espículas que pueden lesionar a la hembra pero es algo necesario ya que induce la ovulación de la hembra. En el caso de los perros por ejemplo presenta un hueso o báculo que permite la penetración en ausencia de erección. Esto permite prolongar el evento para permitir el depósito de espermatozoides.

Lo fascinante de la naturaleza es que siempre hay variaciones respecto a lo que se considera lo “común” y los escamosos (lagartijas, serpientes y anfisbénidos) al presentar dos órganos para la cópula se les denomina generalmente hemipenes. Los hemipenes exhiben morfologías tan peculiares, desde los que presentan puntas redondeadas o algunas ornamentaciones como espinas, anillos o estructuras semejantes a cuernos. Cada hemipene tiene un surco o canal espermático en el lado ventral, que ayuda al transporte de los espermatozoides. Se especulan diversas explicaciones de la funcionalidad de estos ornamentos, tales como: estimulación mecánica, aumento de la duración de la cópula, facilitar la apertura de la cloaca y la vagina de la hembra. Para los herpetólogos que se dedican a la taxonomía (identificación y descripción de especies) sirven como una característica que permite diferenciar entre distintas especies que pudieran parecer la misma.
Asimismo, la morfología de los hemipenes puede cambiar durante la vida de un organismo. En especies como la culebra Thamnophis radix, se ha observado que los individuos más jóvenes presentan menos espinas y lóbulos comparados con los adultos.

Lo anterior puede ser reflejo de la capacidad que existe en estas estructuras para cambiar en su forma y esto es debido a las concentraciones de hormonas como la testosterona. Esta influencia no solo se limita a la vida adulta, ya que a nivel embrionario durante su formación, este estímulo es el que permite que en las hembras, estas estructuras que inicialmente se forman de manera normal, se atrofien o reduzcan. En los mamíferos la diferenciación de este órgano es definitiva pues desde que el espermatozoide define el sexo, las señales genéticas y hormonales se refuerzan hasta culminar con la formación de los genitales en el macho. De manera contrastante, en los escamosos tanto machos como hembras desarrollan hemipenes en el desarrollo embrionario tardío. Sin embargo en las hembras se reducen dando lugar a los hemiclítoris.
Cabe destacar que el tiempo que tardan en disminuir su tamaño en algunas especies como Barisia imbricata es mayor (incluso puede ocurrir posterior al nacimiento) y los estudios acerca esta adaptación aún son escasos y desconocidos.

Las líneas de investigación recientes se centran no solo en el origen de la morfología tan diversa, también en los mecanismos de selección sexual que favorecen la aparición de las ornamentaciones y sobre todo el papel que desempeña el aparato reproductor de la hembra para moldear a los hemipenes. Por otro lado, el estudio de la evolución y desarrollo de los hemipenes también puede contribuir al entendimiento de las alteraciones que se pueden dar en los humanos e incluso establecer vías que permitan dar un tratamiento, debido a que los mecanismos que rigen su formación son conservados (similares) entre los distintos grupos de vertebrados.

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